lunes, 4 de febrero de 2008

1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, ¿233?...

Leonardo Pisano no jugó al fútbol, ni integró una banda de Rock, pero merece que hable de él.
Más conocido como Fibonacci -"Fibo" le decían en el barrio- fué uno de los más memorables matemáticos que inventó Dios.

Hace tanto que murió que ya no recuerdo si fué en el 1250 a.c. o d.c....
Jajaja, qué ignorantes somos! Muchos de nosotros podemos pifiarle a una fecha histórica por mas de dos mil años poniendo cara de piedra y sin mover un músculo de la misma ante la corrección de un todólogo.

Volviendo a Leo! Se volvió famoso casi mil años después de su muerte gracias a la fiebre del "´Código Da Vinci". Es tan injusta como la fama de Cintia/Cinthia/Cynthia/Sintyah Fernandez. Ella había hecho mucho más que un cachetazo al alter ego del ex presidente.

Entre las muchas cosas que se pueden decir de Fibonacci quiero destacar su espíritu lúdico. Pasó su vida encontrando relaciones matemáticas en todo. Según decía este loco lindo, existía un número divino que más que un axioma era un capricho. Este número (0,618...) surge de la resolución de una ecuación cuadrática de segundo grado. Las variables de la ecuación son segmentos de recta... Aburrido ¿no? Voy al grano. Al parecer, está proporción entre segmentos de recta es estéticamente perfecto, y la relación que debe guardar lo estéticamente bello es la de la sucesión del título.

Si tienen algun tarjeta de crédito a mano, me gustaría que dividieran el alto sobre el ancho. ¿Sorpresa?

Ahí no termina todo. Supuestamente, la naturaleza es tan sabia que conserva esta proporción divina. La altura del ombligo sobre la altura total debería ser igual a 0,618. La distancia del hombro al codo dividido el total del brazo también.


Cuatro dedos hacen una palma,
cuatro palmas hacen un pie,
seis palmas hacen un codo,
cuatro codos hacen la altura de un hombre,
cuatro codos hacen un paso
y veinticuatro palmas hacen un hombre.

Las comisuras de la boca llegan hasta las pupilas de los ojos.
El largo de las orejas es igual al de la nariz.
La distancia que hay entre ceja y ceja es igual al largo de los ojos.

Si alguien llegó leyendo hasta acá sin dormirse, me gustaría que deje un comentario diciendome si trató de comprobar alguna de estas relaciones y que exprese cuan bello se cree ahora...


Si la respuesta es negativa no hay de qué preocuparse, a mí la proposición en negrita me hizo notar que no tengo ojos.


2 comentarios:

Los amigos del duende dijo...

Lo leí todo y no lo entendí... creo que me puse los codos en la cabeza y me dio dolor en los hombros... puse un pie en tre el ombligo y el pene y me di cuenta que me había fracturado el pie... sino no podría haberlo hecho jamás...

more dijo...

Muy bueno. Probé lo de las palmas y merezco un aplauso (cuac)
Eso otro de las distancias en la cara y eso, es tal cual, me dá justito.

Conocen el código Morelliano? es de un chusabuelo mio:

"2,10,12,16,17,18,19..." ¿qué numero sigue?
Mi chusa decía que había una sola respuesta, yo digo que hay dos.
Capaz que me dan el nobel, como a Fibonacci, ah, no era a Plank. Bueno, no calienta.
Y disculpá, si querés borrá los comments. Justo tengo una noche medio bip y me crucé con este blog y el de "amigos del duende".
Capaz si sacamos cuentas nos da o,618 (la suma y reducción de los ID de los blogs o algo así)
besos
no jodo más